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Las aventuras del “Hep Cat”, la mascota de los Rippingtons

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Clásicos de Colección » 18.04.2009

En ninguno de los 15 discos publicados por los Rippingtons, aparecen ellos en portada. El protagonista único e indiscutido de cada carátula de sus álbumes, es un gato azul (que no siempre fue azul), flaco (que no siempre fue flaco) con una enorme y ondera sonrisa.

No tiene nombre propio, por lo que es apodado “Jazz Cat” o “Hep Cat”. Y esas 15 carátulas registran su paso por los lugares más variopintos del mundo, siempre con su actitud canchera y llena de buenas vibras.

A este “Hep Cat” se refiere el nickname de la versión del diseño de la Caja de música que ahora ves. Un personaje atractivo como ninguno, que colabora a esa distinción que los Rippingtons tienen frente a las demás agrupaciones de su género, y que te motiva a contemplar los diseños de sus discos una y otra vez.

Ahora, voy a contarles como creo que es la historia de las aventuras del “Hep Cat”, a partir de lo que podemos ver en las portadas de estos 15 álbumes. Un ejercicio literario más que otra cosa. A ver qué tal resulta:

Sonríe sano. Sonríe “Hep Cat”

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1. “Moonlighting” (1986) / 2. “Kilimanjaro” (1988) / 3. “Tourist in paradise” (1989) / 4. “Welcome to the St. James Club” (1990) / 5. “Curves ahead” (1991) / 6. “Weekend in Monaco” (1992) / 7. “Live in L.A.” (1992) / 8. “Sahara” (1994) / 9. “Topaz” (1998) / 10. “Life in the tropics” (2000) / 11. “Live across America” (2002) / 12. “Let it Ripp” (2003) / 13. “Wild Card” (2005) / 14. “20th. Anniversary” (2006) / 15. “Modern Art” (2009) / 16. “The best of The Rippingtons”

Fue en 1986 cuando el “Hep Cat”, la mascota de los Rippingtons, inició sus aventuras  (portada de “Moonlighting”, 1). Entonces era un gato de piel azul, alargado pero de espalda jorobada, con sus buenos kilos de más y cola extendida, pero no tanto. Queria demostrar de lo que era capaz, así que con un saxofón partío a un oscuro y anónimo club de jazz. Tenía talento, como lo demuestra en la sensual “She likes to watch”.

Era usual verlo con sus lentes oscuros, y su extendida sonrisa e irresistible carisma cautivó a más de alguien. Con el paso de los meses, nuestro compadre se convirtió en toda una celebridad. De esas que piden una cama llena de pétalos de rosas con una selección de los mejores vinos chilenos, cada que visita un hotel 5 estrellas.

Adelándose a lo que cierto cantante estadounidense de pop haría unos pocos años después, el “Hep Cat” en 1988 cambió su color de piel. Ya no era el oscuro azul sino amarillo, mucho más claro. Y se nos fue al (“Kilimanjaro”, 2) y cambió el saxofón por una versátil guitarra que no abandonará en muchos años.

Como el tratamiento duraba más de lo esperado, mientras estaba en el Kilimanjaro, a su rostro le quedaba un poco de azul, evidenciado por los abundantes lunares tringulares de ese color. Aún así, quería mostrar su renovada cara sonriente por todas partes. Pensaba entonces que el amarillo subrayaba aún más su sonrisa.

Para 1989, ya no quedaba ningún rastro de azul, por lo que el “Hep Cat” se trasladó a una desconocida pero paradisiaca playa (“Tourist in paradise”, 3), para surfear con su guitarra. ¿No les conté que la guitarra servía para todo?

Al año siguiente, todo el amarillo desapareció y regresó el azul en gloria y majestad. Pero mister “Jazz Cat” no se afligió y con medio mundo ya recorrido, tomó su guitarra, se abrigó adecuadamente y partio al exclusivo St. James Club (“Welcome to the St. James Club”, 4). No sin antes someterse a un régimen tan estricto como el que tomó Fernando A  Castro, para perder todos sus kilos extra, que tampoco eran tantos.

No le costó mucho integrarse a la crema y nata de la aristocracia. Y en 1991 cambió el sol, arena y mar, por montañas, nieve y la exclusividad de Aspen, Colorado (“Curves Ahead”, 5). Sin separarse de su guitarra ni siquiera a la hora de esquiar.

Sin embargo, en 1992 cambia la guitarra por un largo convertible. Con el que recorrió toda la Costa Azul (“Weekend in Monaco”, 6), en búsqueda de mujeres, un lugar para los amantes y, prácticamente, cualquier lugar hacia dónde el camino lo condujera (“A place for lovers”  y “Where the road will lead us”, dos canciones del álbum)

Ese viajecito por Mónaco fue bastante gratificante para el “Hep Cat”. Más tarde en ese mismo ’92, y por primera vez, es visto junto a una glamorosa mujer, al caminar por la alfombra roja  rumbo a un gran recital de los Rippingtons en Hollywood (“Live in L.A.”, 7 —por cierto, un concierto memorable, con David Benoit como invitado especial). Ella vestía un fronduoso abrigo de piel, y nuestro cumpa un esmóquin amarillo, recordando sus años en el paraíso, subrayada por una camisa negra.

La nueva compañera (¿sentimental?) del “Hep Cat” llamó poderosamente la atención de la prensa hollywoodense del corazón. No obstante, pese a sus caprichos michaeljacksonísticos del pasado reciente, su vida personal era demasiado tranquila, nada digna de una E! True Hollywood Story.

Aquella fue su última aparición en público. En 1994 unos investigadores de NatGeo descubrieron en el desierto africano una esfinge, que no tenía el rostro de un faraón, sino la  del “Hep Cat”, con su sonrisa XL incluída (“Sahara”, 8). Pero de la mascota preferida de @lacdm, ni un mísero rastro.

Cuatro años después (“Topaz”, 9), otro reportero mientras buscaba nativos del África interior, encontró una tribu de pigmeos cuya principal actividad era la adoración con música a cierto gato azul de gran mandibula… El “Hep Cat” se hastió de su vida lujosa y quería algo más. Y ser un “dios” era, en su razonamiento, su aspiración definitiva. Eso o su relación terminó tan mal que necesitaba un cambio radical en su vida…

Pero en 2000 volvió a la pista… emm, quiero decir, a la playa (“Life in the tropics”, 10). Pero no a cualquiera, sino a una donde se llenó del espíritu hispano, que le marcará por el resto de sus años. (hay una canción en español en este CD)

El regreso del “Hep Cat” tras esos místicos 8 años, tenía que ser en grande: No bastaba con ir a la playa, por lo que hizo un recorrido por todos los Estados Unidos, junto a aquella guitarra que abandonó en su viaje a Mónaco (“Live across America”, 11), tour que concluyó con un merecido descanso jugando al golf en 2003 (“Let it Ripp”, 12)

La visita del “Hep Cat” al Caribe, marcó tanto a los habitantes de  aquel paraíso tropical, que con el tiempo todos los comodines de las cartas de sus casinos tenían su inmensa sonrisa, un símbolo de buena suerte, decían ellos. (“Wild Card”, 13 —de 2005, el más latino de los discos de los Rippingtons, con dos temas en español imprescindibles: “Mulata de mi amor” y “El Vacilón”)

Llegó 2006. Para celebrar los 20 años de los Rippingtons, el “Hep Cat” volvió a vestirse con ese esmóquin amarillo que tanto impresionó a Hollywood (“20th. Anniversary”, 14), para perpetuar el momento, en una instantánea digna de 20th. Century Fox.

Finalmente, después de tantas aventuras, el “Hep Cat”  tomó un receso, y se volcó totalmente a la pintura, cuyos primeros resultados ya se pueden apreciar desde el 10 de marzo de 2009 (fecha del lanzamiento mundial de “Modern Art”, 15). Su cuadro más celebre, influenciado por el cubismo de Picasso y lleno de color, inmortaliza a su guitarra favorita, la misma que lo acompañó desde aquel viaje al Kilimanjaro.  Ya se sabe: los grandes amigos, nunca se olvidan.

Sitio oficial | The Rippingtons (en inglés y espaniol)
En JazzHQ | En pocas palabras: Qué representa la portada de “Modern Art”
En All About Jazz | Biography of The Rippingtons