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Personales » 26.02.2010

Escribo este post el 26 de febrero de 2010, en la “oficina de comunicaciones” de la Secretaría Regional Ministerial de Gobierno. Son las 2 de la tarde. Estas son las últimas horas de la jornada final de mi práctica.

Valió la pena hacer esta práctica, porque gracias a ella pude conocer el panorama de los medios de la región donde no escogí vivir (como corresponde al lugar de nacimiento). El paso que me faltaba para llegar a una conclusión demoledora: Mi futuro profesional no está aquí, en esta ciudad. Y cómo no, si para vivir con verdadera prosperidad en Antofagasta (o al menos con cierta tranquilidad), debes participar en la fiesta de la minería del cobre, con la que ganarás muchas lucas, pero a cambio, deberás sacrificar muchos aspectos de tu vida personal e incluso de tu salud. ¿Estarías dispuesto a trabajar todo el día y llegar a casa en la noche, agotado, sin ganas de pasar un buen momento con tu pareja? Eso, si consigues regresar a tu domicilio al final de la jornada, ya que hoy otros turnos que te obligarán a pasar días en la mina para finalizar con un par de días en casa. Y después los medios locales se escandalizan por los divorcios y el boom de las relaciones paralelas.

Si no participas en esa fiesta, ya que no quieres o no puedes, estás obligado a trabajar ganando sueldos tan ajustados que te obligarán a vivir con lo justo en una ciudad donde todos los precios están pensados en quienes disfrutan de la fiesta minera.

Yo no quiero ser millonario, sólo tener lo suficiente para tener una vida piola, que ojalá pueda compartir con una persona que realmente ame. Me importa un carajo el estatus social a partir de obtener determinados bienes materiales. Mis gustos no son muy caros, e incluso varios de ellos son gratis, como salir a trotar o escuchar smooth jazz.

Quiero vivir en una ciudad donde me sienta parte de ella, y esa no es Antofagasta. Es cierto, la ciudad perfecta no existe, y no quiero emigrar ilusionado por creer que en otra urbe está el paraiso libre de problemas. Pero vivir tantos años entre desierto y suciedad terminó ahogándome. Mirar el inmenso mar es lo único que me dio un respiro.

Actualmente Antofa vive una crisis sanitaria muy seria. El señor que fue alcalde entre 2003 y 2008 tuvo la genial idea de poner contenedores de basura en cada esquina para depositar la basura.

En una ciudad civilizada, el sistema habría funcionado a la perfección, pero Antofagasta no es así, y es una constante ver las calles y los espacios públicos con basura que botan los ciudadanos inconsientes.

Si los antofagaastinos son así de descuidados en estos detalles, más lo serían al depositar la basura en los contenedores, lo que provocó un colapso cuando los operadores del servicio de recolección comenzaron a fallar. Y ahora es cosa de todos los días ver contenedores rebalsados de basura, incluso en sus alrededores. No es buena idea acercarse a ellos cuando están así, ya que el “aroma” llega a ser insorportable.

Y no sólo en los sectores donde viven los pobres y los flaites. No, sino también en aquellos barrios tradicionales donde vive la clase alta y los condominios donde habitan los nuevos ricos gozosos de la fiesta minera. Esta es una ciudad de cochinos.

Aburre estar entre tanta basura, entre tanta inconciencia. Podría continuar, contándoles acerca de los medios locales, la falta de espacios públicos (y un mall donde sólo ves gente que quiere ostentar sus lucas o su novia, no cuenta), pero terminaría aburriéndolos, y yo, deprimiéndome más.

Si quiero tener realmente futuro, realmente me tengo que ir de aquí. Que ellos sigan en la fiesta, que yo me iré con una meta: No volver.