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Ahora no. En el Bicentenario, quizá

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Clásicos de Colección » 17.11.2005

Una ley que sanciona cualquier tipo de discriminación con drásticas multas o cárcel. No es un escenario ficticio: es un proyecto aprobado por la Cámara de Diputados y que, consentimiento del Senado en última instancia mediante, podría convertirse en Ley de la República inclusive de aquí al año que viene.

No fue fácil aprobarla. El 4 de octubre, apenas asistieron diez honorables y la votación se retrasó para el día siguiente, cuando hubo mayor quórum, aunque no el suficiente para ratificar elementos como la obligación para el Estado de fomentar la tolerancia a través de la educación. ¿Diputados presentes? Casi todos de la Concertación, más unos cuantos RN y cero miembros de la UDI, quienes argumentaron supuestos fallos técnicos en la moción y que actualmente se puede recurrir al recurso de protección como defensa ante un acto discriminatorio. Frente a esto, Rolando Jiménez, director del MOVILH y presente en ambas sesiones de cámara, respondió que tal explicación ocultaba la homofobia del partido de Joaquín Lavín.

Puede que no todos los homosexuales nos sintamos identificados con el MOVILH, mas una ley como esta será igual de beneficiosa para el diario vivir de todos y cada uno de nosotros. Un beneficio sólo comparable con el que nos daría una ley que reconozca sus vínculos de pareja ante la ley.

Un matrimonio gay como los celebrados en España, sí es escenario de ficción, pero no la posibilidad de reconocer a las parejas del mismo sexo que lo deseen, como unión civil. También es un proyecto de ley (su nombre: “Fomento de la no discriminación y contrato de unión civil entre personas del mismo sexo”) y, pese a que fue presentado hace dos años, aún se mantiene en su primera instancia: La Comisión de Familia de la Cámara de Diputados, donde fue derivado justo el día en que llegó al Parlamento. Si llegara a pasar todas las etapas legislativas, estas parejas tendrán, esencialmente, los mismos derechos patrimoniales que las heterosexuales. Únicamente patrimoniales: adoptar hijos —entre otras cosas—, imposible.

Que un proyecto como este sea aprobado rápidamente, tomando en cuenta que beneficia a un grupo de chilenos sin perjudicar a todos los demás, definitivamente es el escenario ficticio con menos posibilidades de hacerse realidad. Lo corroboran los dos años estancado en la Comisión de Familia y el escaso entusiasmo de la clase política frente a un tema que, para ellos, ahora da/quita menos votos que la delincuencia, el desempleo y la distribución del ingreso.

Aún así, el principal impedimento para aprobar una moción como esta, no recae en que a los parlamentarios no les interese por la contingencia electoral. No les incumbe porque legalizar la relación de pareja entre homosexuales choca con sus creencias, con su moralidad, cuestionable o no, pero ciertamente presente. Algunos datos: De los 18 diputados que presentaron este proyecto de ley, sólo una era de derecha (Lili Pérez) y otro, democratacristiano. Adolfo Zaldivar, amo y señor de la DC, llegó a decir que no legitimaría candidaturas al parlamento de gays en su partido “porque va contra la naturaleza”. Idea compartida por gran parte de los falangistas, y por la aparente totalidad de la UDI, cuyo candidato presidencial le dio alas a los travestis mientras fue alcalde de Santiago, pero denegó toda posibilidad de siquiera una unión civil, en su eventual gobierno. Pérez está sola en RN y, en realidad, las únicas colectividades que han realizado acciones concretas a favor de los gays son el Partido Socialista (con una oficina dedicada a ellos) y con menor fuerza el PPD. Sin olvidar al marginado Juntos PODEMOS más.

Fue el PPD quien el año pasado levantó un candidato homosexual para concejal. Este año, los únicos candidatos gays al parlamento son del PODEMOS. Ocurre que, de acuerdo con el análisis de expertos en política como Patricio Navia, los círculos de elite de los partidos políticos provienen de una moralidad en que la homosexualidad es mirada como un “defecto” que debe ser escondido. Ellos son quienes deciden a los candidatos para el parlamento y, como el binominalismo obliga a pensar en los equilibrios políticos y no en la representatividad parlamentaria, los políticos que finalmente quedan en el Congreso resultan tan conservadores, incluso retrógrados, como los lideres que los designaron.

Así ha sido desde que el Congreso volvió a funcionar. Por eso que las posibilidades de que el proyecto de sobre unión civil entre homosexuales se convierta en ley son demasiado remotas. Situación que no se revertirá con los diputados que asuman en 2006, sino cuando se consiga suprimir el sistema binominal. Si esto ocurre durante aquel periodo parlamentario, tal vez una ley de unión civil gay —incluso un matrimonio— llegue a ser publicada en el Diario Oficial para el Bicentenario, es decir, cuando ese año asuma una verdaderamente representativa Cámara de Diputados.