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Gracias Turquía

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Punto de mira » 6.10.2015

En marzo de 2014, las cosas en la Red Televisiva Megavisión S.A. no andaban muy bien que digamos. Ahora sabemos que hasta SONY estaba interesado en comprarlo. Así que había que definir una programación austera con la que pasar meses que serían chungos, hasta que por fin pudieran desarrollar los contenidos de producción propia que ambiciaban crear. Como la primera telenovela original no producida por un tercero desde “Algo está cambiando” en 1999.

Intentaron de todo, antes de apostar la carta que eligieron para ese marzo. Como en 2013 les funcionó el drama español “El barco” las noches en horario estelar, programaron “El internado” en primetime a ver si conseguían una sintonía aceptable. No resultó. Después exhibieron “Breaking bad”, desde el principio y doblada al español latino. Fracaso, pero epic fracaso, que comparado con la siguiente serie que estrenaron, explica muchas cosas.

“Breaking bad” se presentó en MEGA cuando ya había finalizado en su país de origen, pero además, cuando todo quién se entusiasmó anteriormente con ella, la siguió por el cable, por Netflix o bajando los capítulos por el torrent. Y el que empezó a verla por el MEGA, seguro que después no estaba dispuesto a seguir el ritmo impuesto por la televisora y optó por disfrutarla por su cuenta por otros medios.

Pero la serie que estrenaron ese marzo era todo lo contrario: Totalmente desconocida en Latinoamérica, si lograba enganchar al televidente no iba a poder encontrar otra forma de seguir cada episodio que mirándola por el canal 9 de la televisión abierta. Había llegado tímidamente “Binbir Gece”, un drama turco que tradujeron como “Las mil y una noches”.

Tan desconocido que el canal lo compró en su versión original: era necesario doblarla al español para exhibirla iniciando una pequeña revolución en la industria del doblaje local que hasta entonces se le relacionaba más con documentales de NatGeo y series infantojuveniles de los canales Disney.

Como si de vendedores de drogas se tratara, regalando la primera dosis, la gente de programación en MEGA sabía lo que tenían en manos y estrenaron “LMYUN” solo una noche, en un momento estratégico y editándolo de tal manera que la gente se enganchara y quisiera ver el segundo capítulo, a presentarse no al día siguiente sino la semana siguiente. Continuaron dosificando la droga así, y cuando ya capturaron suficiente audiencia, sumaron un día a la semana más con capítulos nuevos.

Para cuando ya teníamos “LMYUN” con episodios de domingo a jueves, en el codiciado horario de las 22 horas, el fenómeno de audiencia no se podía parar.

En los meses de la Copa del Mundo de la FIFA, la norma era que los programas más vistos de la noche fueran los estelares relacionados con el torneo, en los canales oficiales, pero para Brasil 2014, tuvieron que conformarse con pelear el segundo lugar, muy lejos del primero, territorio exclusivo de un suceso que ya estaban rogando que no durara mil y una noches.

MEGA no esperaba que estas Mil y Una noches fueran tan exitosas, y siguieron en lo suyo y en planificar bien el segundo paso, cuando todavía no era el momento para las grandes apuestas de producción propia. Evaluaron muchas series turcas, hasta que se quedaron con un drama muy chungo que convencería a otro público al que no necesariamente cautivó la historia de Onur y Scherazat: “Fatmagül’ün Suçu Ne?”, que de nuevo compraron sin doblaje y la presentaron como “¿Qué culpa tiene Fatmagül?”, sin esperar a que terminara “Binbir Gece”, sino a continuación de esta.

“Fatmagül”, no llegó a tener los niveles de audiencia que “LMYUN”, pero en ocasiones lo alcanzó, y lo más importante, ambos superaban por lejos a su competencia, que seguía haciendo lo mismo que en 2012 y 2013 les funcionó tan bien, pero que no podían competir con la novedad de las historias contadas desde Estambul, que en el fondo tan novedad tampoco eran. Que estos melodramas en el fondo, recuerdan a las viejas historias de las teleseries chilenas de los ochentas si uno se olvida del envoltorio otomano.

A lo nuevo no se le gana con lo mismo de siempre

Canal 13 tenía la confianza en que reintentando lo que salió tan bien en el pasado tenían el triunfo asegurado. Anunciaron con bombos y platillos otro “reality show”, que tiene más de lo segundo que de lo primero. Les había funcionado tantas veces el reciclar y estrujar la fórmula que inventaron con “La Granja” (modificando ligeramente las reglas para que pareciera otro programa), que en esta 9na ocasión seguro que la rompían. Además tenían la última temporada de “Los 80”, una nueva de “En su propia trampa” y otra teleserie nocturna con una historia de fantasía para adultos jóvenes, similar a con las que arrasaron en 2012 y ’13. ¿Qué podría salir mal?

TVN, mientras tanto, insistía en sus nocturnas con historias de suspenso y mucha sangre y sexo en ambientes acomodados, en el mundo perfecto del ABC1 que estaba muy lejano a la realidad del televidente abierto promedio. Con tramas muy rápidas y capítulos cada vez más cortos, hasta el grado que en una hora, 20 minutos eran efectivamente del episodio y el resto, resumen del anterior, comerciales y escenas del próximo.

El público no es imbécil. O al menos no lo es tanto. Y entre volver a ver lo mismo de siempre a la frescura de las historias turcas, que tan lejanas en el fondo no lo son, se quedaron con lo nuevo. Habían descubierto que esta novedad desde Estambul, estaba mucho mejor que los contenidos chilenos que han visto en los últimos 5 años, por lo menos.

Kanal D y sus competidores turcos lograron lo que jamás ni Globo, ni Televisa ni Venevisión en sus mejores años. Ni menos RCN, el one hit wonder creador de Betty la Fea: Instalar no uno, sino todos sus productos estrella no solo en el modesto mercado televisivo chileno, sino en lugares más lucrativos como la Argentina.

La diferencia en las mediciones de sintonía se notó. Y el impacto en la competencia fue duro. El reality de Canal 13, “La Granja 9″… perdón, “Mundos Opuestos 3″… ah no, disculpen, “Generaciones cruzadas” fue un fracaso total. No importa, seguro que con la nueva nocturna les iría mucho mejor. Tampoco. El estreno de “Soltera otra vez 3″… ah no, otra vez me equivoqué, “Chipe Libre”, entusiasmó a pocos. Quedaba la temporada final de “Los 80” y al menos con eso salvaron los muebles, pero a esas alturas no bastó para salvar el año. Aunque es irónico que una serie que no le gustaba a ejecutivos varios del 13 y no pocas veces fue retrasada o casi cancelada (pese a la aclamación del público), al final evitó la debacle total en un año para olvidar en la televisora de Luksic y la PUC.

En TVN las cosas se pusieron peores. Confiaron tanto en el éxito de “Vuelve temprano”, que el capitulo final, pensado para emitirse en una noche, lo dividieron en tres. Y así mucha gente quedó con muy mal sabor de boca, y las consecuencias fueron inmediatas: El estreno de su sucesora, “No abras la puerta”, épicamente rechazado, primero porque de nuevo estábamos ante la misma historia que el Canal Nacional explotó hasta el cansancio; Y el publico ya no estaba dispuesto a que lo trataran igual.

Aún faltaba más. Para las 20 horas, que ya no era considerado tan importante (“no volveremos a ver los números de rating de La Fiera o de Amores de Mercado”, algunos decían), MEGA tenía lista su carta. Y esta vez no desde Turquía, sino que se trataba de un producto nacional, su primer gran apuesta de producción propia, y con un nombre pegote: “Pituca sin lucas” (Una pija sin pasta, traduciéndolo al español castellano, y no rima). Con una trama sencilla, una dosis de comedia, y un guiño a todas las discusiones socioculturales de los últimos años, fue otro exitazo.

En otros tiempos, cuando a una teleserie nacional triunfaba, a su competencia tampoco es que le iba tan mal. Los números de sintonía de “Pituca sin lucas” nunca han sido unánimes, dan espacio para que un competidor prevalezca con cifras respetables. Lo que no pasó. “Caleta del Sol”, de TVN y “Valió la pena” del 13, fueron tales fracasos, que tuvieron que sacarlas de su horario, ponerlas más temprano y todavía así, terminaron como las telenovelas menos vistas en la historia de sus respectivos canales.

Quedaba todavía lo peor: El hypeado lanzamiento de “Dueños del paraíso”; una narconovela en asociación con Telemundo que en Miami funcionó excelente; en TVN jamás pasó de los 5 de 100 puntos de sintonía. Mientras en Canal 13, un docureality que pretendía repetir la formula de “Perla”, se pegó otro costalazo. Y a Chilevisión parecía que le estaba yendo bien con su programación bien planeada para un segmento concreto de la población, pero sus resultados económicos decían otra cosa.

Para mayo de 2015. TVN no logra recuperarse de los peores resultados de sintonía de su historia (ni al final de la dictadura le había ido tan mal) y celebra sus pocos momentos en los que destaca, como con su telenovela de la tarde, “La chúcara” o cuando transmitieron el vivo el combate de boxeo más hypeado de los últimos años. Y el 13, anunciando pérdidas récord de miles de millones de pesos. Y ahora TVN anuncia perdidas aún peores, luego de un 2015 en que, de verdad, nunca se recuperaron, aunque intentaron de todo y lo siguen intentando.

La culpa no la tuvo Fatmagül, la tiene Netflix y YouTube

No he visto ni he seguido ninguna de las ¡ONCE! series turcas que se han emitido hasta ahora en la televisión abierta chilena. Pero aún así, agradezco que hayan llegado.

Hace mucho tiempo ya, allá por 2011, publiqué un breve texto aquí que ya no está, en el que me hacía eco de un hashtag tuitero que llamaba a un #apagontv. La tele abierta estaba llegando a un nivel de mierda insoportable, gracias al duopolio de la farándula y los reality shows de encierro. Y luego tenías un canal público que decía ser de todos, pero seguía tan fielmente lo que dictaba el gobierno de turno, que llegué a apodarlo Intereconomía Nacional de Chile, por lo derechista que se había vuelto. Así de asqueado estaba.

Ya para 2012, la situación no mejoró. Llegaron “Mundos Opuestos” y “Perla”, qué ejemplazos de televisión de calidad (es ironía). Me divorcié de la tele, hice mi propio apagón de los canales abiertos. Tenía para informarme de verdad a la radio y los canales del cable, para la entretención en lo que me interesa YouTube, el famoso Netflix y los podcasts, etcétera. En el twitter, dejé lentamente de comentar la tevé, porque si decía que era una mierda, ya me tocaba seguro algún reclamo y con lo chungo que estaba ya la situación política, era suficiente.

Cuando apareció Turquía, todo se revolucionó. Y me revolucionó. Ver que esa misma morralla que me había dejado hastiado, estaba siendo derribada por algo nuevo, no saben lo que me animó. Como en viejo lema, “espera que pronto verás el cadaver de tu enemigo pasar por la puerta de tu casa”, esa sensación me rodeaba. Y gracias a un canal que sus dueños anteriores, su dueño anterior, lo había dejado como el peor de los peores, y todavía no sabíamos hacia donde lo iba a llevar una nueva administración que la única experiencia en televisión que le conocíamos, eran los infomerciales de Falabella Tevé.

De repente volví a interesarme en la actualidad de la televisión chilena, en cómo los canales estaban afrontando esta nueva competencia. Y ahora que ya ha pasado un buen tiempo desde aquella primera arremetida, de esas mil y una noches, hay que decir que reaccionaron muy mal. Porque no solo había que enfrentarse a Turquía, sino a otros cambios que ya se estaban manifestando tímidamente desde 2010, y ahora ya van camino a su consolidación.

Porque primero lloraron. Recuerdo opiniones de guionistas de teleseries que en el pasado cautivaron con sus historias no solo al público habitual de las novelas. Como con sus ultimas producciones ya no fueron tan exitosas, por no decir que fracasaron, reaccionaron hablando pestes de las novelas turcas, que no son de un nivel comparable a lo que ellos hacían, que son retrógadas, mediocres y que serían solo una moda pasajera. Si es tan fácil no hacer nada frente a un nuevo rival y decir que es una moda pasajera. Quejarse del empedrado como lo haría un tuitero cualquiera. Y no reconocer que simplemente, sus propios productos no habían enganchado.

Una noche me quedé mirando un capítulo de “Fatmagül”, y ahí entendí muchas cosas. La forma en que utilizaban los planos como parte del argumento (en un 16:9 que se aprovechaba de verdad), realzaba el dramatismo de las escenas. Escenarios realistas como una casa de clase media de verdad (y no recordaba la última vez que veía una casa de clase media en una novela chilena, que ya se parecían a las mexicanas con sus departamentos de lujo de cartón), se sentía creíble y ayudaba a identificarse con los personajes. Esto no lo encontrabas en una producción nacional, al menos en la de esta década. Y comprensible que después de conocer todo esto, el público de inmediato exigiría más y mas.

No pude seguir Fatmagül ni ninguna de las once producciones turcas que mencionaba (vamos a contarlas: “Las mil y una noches”, “¿Qué Culpa tiene Fatmagül?”, “Amor Prohibido”, “Rosa Negra”, “Sila”, “Kuzey Güney”, “Tormenta de pasiones”, “Kara para Aşk”, “Gümüş”, “El Sultán” y “La decisión de Ezel”) por el mismo motivo que tanto televidente quedó enganchado a ellas: Para poder seguir cada capítulo, no quedaba otra que sintonizar el canal abierto en el que la emitían, sea MEGA, Canal 13 o Chilevisión. Porque no se trata de series que fueran tan sencillas de conseguir en internet, como pasa con las estadounidenses. Es más fácil encontrar por internet una serie de HBO o Showtime con subtítulos, que una turca. Si el negocio de MEGA con traer estas ficciones fue redondo. Y en el caso de “Fatmagül”, pero especialmente de “Ezel”, me hubiera gustado mucho poder seguirlas.

Ver fielmente un producto en los horarios que me imponga un canal de televisión, sea abierto o de cable. no es para mí. Pasa con estas turcas pero también con, por ejemplo, las series que los canales de cable intentan que nos cautiven de cuando en vez. Y esta sí que es una tendencia que se está notando cada vez más, que nos está moviendo a pasarnos de la televisión convencional a la enorme competencia de las plataformas de video on demand, donde tenemos a YouTube y Netflix como los nombres más fuertes, porque ante todo son los más accesibles.

No estoy dispuesto a ver un capítulo de “Ezel” si para poder seguirla, tengo que estar todos los días de semana pendiente del canal 9.1, ni siquiera en un horario fijo, que eso lo aceptaría, sino cuando a MEGA le de la regalada gana. (lo emitían después de otras dos series turcas y había que esperar que terminaran, y nunca tuvieron una duración fija). Mientras, sigo sagradamente cada nueva entrega de Classic Game Room, Game Sack o Con 5 Duros (son tres canales de YouTube), que una vez que los publican, puedo mirarlos cuando me de la gana y en el aparato que desee: el ordenador, la PS3, mi celular… Vamos, que hasta ya me cansó que ese mismo MEGA se olvidara lentamente del Chavo del Ocho y ahora veo los capitulos en YT cuando lo deseo, gracias a que Televisa todavía no los borra.

Frente a esa conveniencia, la tele pierde mucho, y va a seguir perdiendo. Cada vez más la televisión abierta está quedándose con menos audiencia, que se está cambiando a estas nuevas plataformas. Y peor, con menos avisadores. Llegamos al momento en que el principal avisador de todos los canales abiertos, es la mexicana Genomma Lab, y sus productos que no sabemos todavía qué tan confiables son. Y los demás son un puñado que se repite entre todas las cadenas. Que las tiendas, las farmacias, los bancos y algunas empresas de alimentos. Los canales de televisión son empresas que quieren ganar dinero y eso lo consiguen de la publicidad. Y en este momento, salvo MEGA y UCV TV, todos están perdiendo millones de pesos. Muchos millones.

Pero no se puede decir la competencia al final quedó inmóvil frente a el fenómeno que ya en general era Mega. Aunque se dieron cuenta tarde que responder con lo que les funcionó en el pasado, ya no resultó. Y se fueron al otro extremo: Imitar lo que le había salido bien al triunfador. Como cuando allá por 2007/10, tras el exitazo de los Call of Duty: Modern Warfare, todas las compañías rivales de Activision reaccionaron con juegos de acción militar de calidad infecta, como ese “Medal of Honor” de 2010.

Canal 13 y Chilevisión también compraron series turcas. En el caso de CHV la jugada les resultó fatal. Y en el del 13, el nunca definir un horario fijo les pasó la cuenta. Y su mayor apuesta, un drama histórico que vendieron solo porque su prota era el actor que estelarizó las Mil y Una noches, no fue el fenómeno que esperaban, aunque se quedaron con el premio de consuelo de los niveles de sintonía en el público de mayor poder adquisitivo.

Y Mega, después de cuidar tan bien a sus dos estrellas de 2014, “Fatmagûl” y “LMYUN”, se emborrachó del éxito y nos bombardeó con 4 series turcas más: “Ezel”; “Sila”, “Kara para aşk” (que no tradujeron su titulo, Diamantes negros y amor) y “Gümüş”. Ninguna de ellas logró la aceptación masiva de sus predecesoras, y en el caso de “Ezel”, es que el canal se lo farreó, poniéndolo en horarios cada vez más cambiantes, los mismos que evitaron que servidor pudiera seguirla, y eso que en un principio tuve la intención.

No falta el que con esos resultados dice que la moda turca se acabó. Todavía es muy pronto para asegurarlo. Veremos como le irá a las próximas producciones que ya se adquirieron y que en algún momento se estrenarán. Y sea un fenómeno temporal o no, no va a quitar que deje de agradecer su llegada. Porque las series turcas movieron una industria televisiva que estaba tan monótona que hastiaba. Y los está motivando a hacer cosas nuevas y diferentes, algunas saldrán bien y otras muy mal, pero lo están intentando y lo seguirán intentando. Porque no les queda otra.

Y ejemplos tenemos muchos: Canal 13 dejando de hacer clónicos de La Granja y adaptando un señor formato como el MasterChef. TVN apostando por series de ficción que están generando más impacto que sus últimas teleseries (como “Juana Brava”, que toca las relaciones entre dinero en poder de las que nos hemos enterado por la prensa), el mismo 13 regresando a su vieja tradición de dejar la noche del sábado en horario estelar para programas culturales y familiares inéditos. UCV y La Red con comedias frescas, en el caso de UCV tomando la responsabilidad de trabajar con un formato de Disney, que no es poco. Y podría seguir toda la noche nombrando más.

Puede que en el futuro cercano las series turcas no prendan como lo hizo el melodrama de Onur y Scherazat, pero ahí están todavía las plataformas de video on demand, quitando audiencia que no van a recuperar, si siguen con lo mismo que hacían antes que llegara Turquía. Y con lo que se han demorado en implementar la Televisión Digital Terrestre en todo el país (la norma se definió en 2009 y todavía los canales digitales nacionales no salen de Santiago a menos que tengas alguno de los operadores de cable o satélite), lo que habrá que invertir en semejante infraestructura puede incluso terminar llevando a la quiebra a algunos de los actores de esta industria, si continúan estos números tan rojos en sus balances económicos.

El cambio de paradigma de la televisión chilena es inevitable, si quieren subsistir en el futuro. Y todo comenzó con unas mil y una noches llegadas desde Estambul. Por eso, Gracias Turquía.